Autor: Susan Sontag
Título: En América
Editorial: Debolsillo
Susan Sontag
fue, junto con Noam Chomsky, Paul Auster y otros, una destacada opositora a lo
que en su día representó la política de Bush y, en general, a la manera
americana más habitual de concebir la vida (conservadurismo, infantilismo,
corrección política, integrismo religioso, rígida moral protestante). Se podría decir que forma parte del grupo de
intelectuales de izquierda, una auténtica rareza en USA, y que, por tanto, sus
formulaciones en torno a la función de
EE.UU en el mundo y a las políticas llevadas a cabo por ese país –guerras,
imperialismo, búsqueda del beneficio económico, doble moral e hipocresía, etc.-
son incómodas, incorrectas y van contracorriente.
Por esta razón –y por otra, que ahora
detallaré- me acerqué a su última novela, En
América, que, lo digo por anticipado, me pareció intelectualmente
sugestiva, pero no me convenció del todo.
La otra razón a que antes aludía se refiere
a una constatación que vengo haciendo hace años: ese país cuya política no me
ha gustado es, sin embargo, un enorme y atrayente país, lleno de variedad,
contrastes y una literatura y un arte extraordinarios. Merece la pena acercarse a él, siquiera sea a
través de sus escritores, y descubrir
hasta qué punto muchas de las ideas y prejuicios que se tienen sobre él son
superficiales y hasta equivocados.
Por supuesto, conozco algo de los clásicos
norteamericanos del XIX y la llamada Generación Perdida del XX. He ampliado más recientemente esta visión con
la lectura de J.K. Toole –divertidísima su Conjura
de los necios-, de los “beat” (On the
road, de Jack Kerouac), de Nabokov (Lolita),
de Paul Auster (Trilogía de Nueva York),
del inclasificable Salinger y su Guardián
entre el centeno –lectura casi adolescente-, de Richard Ford (El periodista deportivo) y de la citada
Susan Sontag. Tengo que decir que ha
sido, sobre todo, un descubrimiento geográfico: los autores citados me han
paseado por todo el extenso país y, al margen de que me gustasen más o menos
sus novelas, he adquirido un conocimiento aceptable de gentes, lugares,
estados, culturas, etc. En el caso de
Auster, su obra ha cambiado un poco la idea que yo tenía de Nueva York, ciudad
que ahora me parece, quizás, la capital cultural del mundo.
El libro de Sontag se incluye por derecho
propio entre aquellos que mejoran nuestro conocimiento de todas esas
materias. Cuenta, en esencia, la
historia de una actriz polaca de mucho éxito en su país que, sin embargo,
llevada por un ideal utópico de vida comunitaria –en la línea del socialismo no
marxista del XIX-, decide emigrar a USA y fundar allí, junto con su familia y
amigos, una especie de comuna. Pero la
idea que ella se había forjado de América y de las comunas choca con la
realidad, lo que hace que fracase y, ante ello, opta por volver al teatro.
Hay que aclarar que estamos ante una novela
de ideas, que la construcción de los tres personajes principales es cuidada y
compleja y que, en definitiva, resulta interesante para el lector predispuesto
a ese tipo de debates (incluye también una historia amorosa bastante topica,
que ayudará a popular la obra).
Sin embargo, se trata de la típica narración
que deja insatisfecho al lector, al menos por dos motivos:
-El primero
–y más importante- es temático: el argumento resulta algo inverosímil porque no
se explica suficientemente: ¿por qué la protagonista decide cambiar su vida?,
¿por qué los demás la siguen fielmente?, ¿cuáles son sus objetivos?, ¿por qué,
cuando vuelve a tener éxito como actriz, se olvida por completo de sus ideales
y no vuelve a mencionarlos?, etc.
-El segundo
se refiere a algunos detalles formales:
a) La
inclusión de la propia autora en el prólogo como una especie de fantasma que
los demás no pueden ver, recurso que luego se deja de lado completamente.
b) La falta
de organización narrativa: aunque hay un narrador omnisciente, este se mezcla
con diarios y pensamientos de los personajes sin más explicación. Es decir, hay una mezcla no convincente de
narradores y puntos de vista (da la sensación de que ello no es un recurso
literario, sino descuido de la autora).
También habría que decir que una novela que ha tenido un desarrollo
amplio y que abunda en detalles no debería terminar de modo abrupto con un
diálogo de la protagonista con otro actor.
Como aspectos positivos, para finalizar,
citaremos el amplio tratamiento del mundo del teatro –es una buena novela para
adentrarse en ese ámbito artístico, incluso como documento-. Y, también, como se ha dicho antes, la
plasmación estética de la geografía de un país tan extenso, así como la
comparación entre la mentalidad norteamericana y la europea.
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